Mozart, terapéutico

El nombre de Wolfgang Amadeus Mozart, a través de los últimos 250 años trascendió más allá del campo de la música, tanto así que para algunos se convirtió en el “efecto Mozart”.

Esto no es otra cosa que el presunto efecto que tienen sus piezas sobre quienes las escuchan, que aseguran algunos especialistas estimularía la inteligencia, capacidad de concentración o incluso serían la terapia para algunos desórdenes relacionados con el cerebro.

Sobran las anécdotas sobre este tema. El actor francés Gerard Depardieu asegura que Mozart le quitó la tartamudez a su hijo; en internet hay cientos de casos de madres que aseguran que sus hijos con autismo han mejorado por la misma causa; asimismo hay anécdotas similares en epilepsia, acné, depresiones y hasta de quienes sufren de Alzheimer.

¿Pero hay evidencia científica?

Pruebas de laboratorio

El tema fue objeto de estudio durante más de 40 años por parte de un investigador francés, Alfred Tomatis, quien utilizó las melodías del compositor austríaco para tratar patologías de diferente índole en niños y adultos discapacitados.

Su trabajo fue reconocido por la Academia de las Ciencias y Medicina de Francia, y actualmente existen centros de tratamiento Tomatis en Estados Unidos, Europa y América Latina. Además existe un libro donde el científico explica las bases de su investigación.

En 1993 una universidad estadounidense también inició estudios en la materia haciendo pruebas de razonamiento espacio-temporal (razonamiento con imágenes para resolución de problema) sobre estudiantes. Los resultados indicaron que quienes fueron expuestos a la Sonata D para Dos Pianos de Mozart lograron mejores resultados.

Desde entonces se han efectuado proyectos de investigación en diversos centros académicos en busca de más respuestas al “fenómeno Mozart”, incluyendo las averiguaciones que pretenden aclarar el verdadero efecto que provocaría la melodía del músico austríaco.

No obstante, quienes trabajan actualmente con el llamado “método Tomatis” defienden su efectividad.

“A nivel general logramos conciencia y atención. Un niño con problemas de atención, que es hiperactivo, con una inteligencia adecuada, con el método empieza a atender y tener conciencia de lo que escucha”, aseguró Sylvia Carrasquilla, consultor de un centro Tomatis -fundado por el científico francés- en Bogotá, Colombia.

Pero aclara: “no consideramos que hacemos medicina sino una terapia; es algo entre tradicional y alternativo”.

El método

De acuerdo a lo que explican los especialistas del centro Tomatis bogotano, se utilizan diferentes tonalidades de Mozart en el tratamiento, según la intensidad de las ondas hertzianas que emitan, que van desde 125 hertz a 9.000 hertz.

La música grave (125-700 hertz) de Mozart se utiliza para terapias relacionadas con el área motora, la verticalidad y síntomas corporales; una tonalidad media (1000-3000 hertz) sería la ideal para problemas de comunicación en el paciente; mientras que la variación aguda (3000-9000 hertz) se aplica para ayudar en tratamientos para el aspecto emocional.

Sin embargo, esto no significa que cualquier persona, de sentirse deprimida, por ejemplo, simplemente debería recurrir a la sinfonía 40 de Mozart como remedio.

“No es lo mismo poner a Mozart en casa porque nosotros utilizamos unos aparatos electrónicos sofisticados (llamado el oído electrónico) en el que filtramos la música para llegar a las ondas hertzianas deseadas para el paciente”, explica Carrasquilla.

Diferencias de criterio

¿Y por qué Mozart y no Bach o Beethoven? La consultora del centro Tomatis de Bogotá explicó que es un asunto de la intensidad de las melodías.

“Mozart trabajó con frecuencias muy altas -especialmente con flautas y violines- y es ideal para la terapia de escucha ya que está entre los 125 y 9000 hertz que son los necesarios para las terapias”, señaló.

“Además este fue un músico con composiciones hechas a temprana edad, por lo que tiene una melodía muy dinámica, que le da energía al cerebro, que no está contaminada emocionalmente, de ahí que a las personas les transmitimos esta energía”, apuntó la especialista.

El debate sobre este tema se ha mantenido presente en la comunidad científica.

Una de las primeras que estudió el tópico -luego de Alfred Tomatis-, fue Frances Rauscher , de la Universidad de Wisconsin, en EE.UU., quien reconoce que su trabajo probó que los estudiantes lograban un mejor razonamiento espacio-temporal tras escuchar a Mozart, pero que ello no se traducía en un incremento del coeficiente intelectual.

Por su parte, el músico y empresario estadounidense Don Campbell, ha publicado libros y discos del compositor austríaco sobre la presunta existencia del “efecto Mozart”. No obstante, en una reciente entrevista con la revista TIME, admitió: “Creo que no podemos probar o desechar nada (…) para ser bien honestos, todavía no hemos comprendido bien por qué la música tiene semejante influencia sobre el cerebro”.

Fuente: BBCMUNDO.com

Wolfgang Amadeus Mozart

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