A cinco años del “corralito”

Imagínese cómo reaccionaría si hoy le dijeran que no puede retirar su dinero del banco. Pues eso es lo que les ocurrió a millones de argentinos hace exactamente cinco años.

El 3 de diciembre de 2001, en medio de una profunda recesión, el gobierno del presidente Fernando de la Rúa impuso por decreto el llamado “corralito”.

La medida restringía la extracción de depósitos bancarios a una suma fija de 250 pesos semana (por entonces US$250). La intención era frenar una fuga de dinero del sistema que ya había llegado a US$20.000 millones y respondía a rumores de un colapso económico.

Argentina tenía en ese momento un sistema fijo de convertibilidad por el cual un peso equivalía a un dólar, pero este esquema ya había comenzado a resquebrajarse debido a un contexto internacional desfavorable y a un alto endeudamiento del país.

“No sólo los ahorristas participaron de la fuga, sino también muchos bancos que transfirieron fondos al exterior”, explica a BBC Mundo el economista Alan Cibils.

El “corralito” atrapó a las ahorristas que no huyeron a tiempo, originó protestas en forma de “cacerolazos” y precipitó la peor crisis financiera en la historia argentina.

“Los que lograron escapar fueron los que tenían información y pudieron sacar el dinero antes de que se aplicara la medida. Estos fondos terminaron ‘bajo el colchón’, en cuentas en países como Uruguay o en paraísos fiscales”, afirma Cibils.

Asfixia económica

Si bien salvó al sistema bancario del colapso -al menos ésa era su intención-, el “corralito” terminó asfixiando al argentino de clase media y trabajadora.

“Nuestra economía, gran parte de ella ‘en negro’, funciona básicamente con efectivo y las restricciones dejaron a la población sin billetes. De modo que paralizaron la actividad y terminaron acelerando la caída”, explica Cibils.

Miles de recursos de amparo llovieron sobre el Poder Judicial, mientras los bancos protegían las entradas de sus sucursales con chapas y guardias privados para defenderse de los ahorristas enardecidos.

Una mujer quiso prenderse fuego frente a una entidad y un hombre pasó el verano del 2002 en traje de baño ante una sede del HSBC porque no podía retirar dinero para irse de vacaciones.

Para “confiscar” los ahorros, el gobierno llegó a derogar la llamada ley de intangibilidad de los depósitos. Según Cibils, “fue una violación del principio de propiedad privada”.

El “corralito” tuvo un alto costo político. Provocó la renuncia de dos ministros de Economía: Domingo Cavallo, su creador, y Jorge Remes Lenicov, quien meses después quiso cambiar los ahorros por bonos compulsivos.

El propio De la Rúa debió renunciar a fines de diciembre de 2001, en medio de la debacle.

“No se apropió de nada”

El “corralito” terminaría abriéndose casi un año después.

Tras la caída de la paridad peso-dólar, en 2002 se “pesificarían” los ahorros en dólares y surgiría el “corralón”, un esquema de reprogramación de los plazos fijos en la moneda estadounidense, los cuales se devolverían progresivamente en pesos devaluados (un proceso ya completado).

Hasta hoy De la Rúa sigue defendiendo su desempeño.

“El ‘corralito’ no se apropió de nada, fue un modo de enfrentar una corrida bancaria que era fruto de rumores”, dijo recientemente el ex presidente en una entrevista con BBC Mundo.

“Todo eso estaba: la recesión, la crisis social, el desempleo. Así recibí el gobierno. Fue una lucha para superar esa situación”.

“Y no era fácil porque se agregó un contexto internacional desfavorable: el enfriamiento de la economía de Estados Unidos y el cambio de conducción en el Fondo Monetario Internacional (FMI), con gente mal dispuesta hacia Argentina como consecuencia de incumplimientos anteriores”, aseguró.

Alternativas

¿Puede decirse que el “corralito” -altamente impopular- tuvo algún efecto positivo?

“La medida intentó salvar a los bancos y lo logró, pero a costa de la población. No sabemos qué hubiera pasado sin no se aplicaba, porque era cierto que había una importante fuga de capitales. Quizás los bancos hubieran acabado en una situación más comprometida”, dice el economista Alan Cibils.

“Creo que un alternativa hubiera sido aplicar mucho antes un control del flujo de capitales, pero el FMI, que por entonces dictaba la política económica de Argentina, se oponía a ello”.

El fenómeno del “corralito” -“little fence” en inglés-, algo que para Cibils sería “impensable” en Europa o Estados Unidos, llegó a convertirse en materia de estudio en todo el mundo.

Pero puertas adentro era un “malo conocido”, porque en la década de los años 90 el presidente Carlos Menem había implementado una medida similar, conocida como “Plan Bonex”.

Muchos ahorristas argentinos siguen desconfiando de los bancos y prefieren invertir en el actual “boom” de la construcción o bien seguir durmiendo “tranquilos” sobre fajos de dólares antes de guardar su dinero en una cuenta.

A cinco años de su aplicación, el “corralito” continúa siendo un recuerdo latente: todavía quedan 50.000 juicios pendientes en tribunales de todo el país.

Fuente: BBCMUNDO.com

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