La virgen que une a un pueblo

Con el fervor reflejado en el rostro y la mirada enjugada de emoción encontré a Francisca Sandoval llegando de rodillas a la Basílica de Guadalupe a pagar la promesa que le hizo a la virgen del mismo nombre.

“Hace un año atropellaron a mi hijo, estaba como muerto, me volví loca de desesperación y lo único que atiné a hacer fue encomendárselo a mi santísima madre, ahora mi hijo está mejor y yo vengo a darle las gracias”, asegura Francisca a BBC Mundo al llegar a su meta.

Cada año más de 15 millones de fieles, según estimaciones de las autoridades de la Basílica, acuden a este lugar a festejar a la patrona de México: la Virgen de Guadalupe.

Al recinto mariano llegan vistosas peregrinaciones de todos los rincones del país, incluyendo aquellos mexicanos que, buscando el sueño americano, se han desterrado de su patria.

Fiesta nacional

Esta es una verdadera fiesta nacional, que comienza a saborearse desde días antes al 12 de diciembre, fecha en que se conmemora la aparición de la Virgen María a Juan Diego en 1531 en el Cerro del Tepeyac, al norte de la Ciudad de México.

Aquí, según cuentan los historiadores, pidió que se construyera su templo y todos los años se viste de fiesta para recibir regalos que van desde serenatas con la música tradicional mexicana hasta muestras de devoción como la de Francisca.

En cada esquina de las colonias populares, es muy común encontrar la imagen de la Virgen de Guadalupe resguardada dentro de cuidadas vitrinas que en estos días se ven atiborradas de flores y de presentes que hacen sus devotos.

La Basílica se llena de imágenes de la Virgen ataviada con coloridos atuendos en espera de ser bendecidas, para después otorgarle un sentido canto o la danza de un indígena que obsequia su folclor como lo hace Juan Ortiz, un huichol de Jalisco que cada año acude a su cita con su “Guadalupana”.

“Ella nos eligió a los mexicanos para venir a protegernos por eso se le apareció a Juan Diego, porque sabía cuánto la necesitábamos”, asegura.

Símbolo de unión

“Es un gusto ver cómo las familias se vuelven a unir en torno a la imagen de la Virgen de Guadalupe, esto sólo ella lo puede lograr, pero aún más importante es que une al pueblo más allá de ideologías políticas”, considera en charla con BBC Mundo el padre Antonio Beraudio, párroco de la iglesia de Santa Rosa de Lima.

Sin embargo, no muy lejos de aquí en las cercanías de la Basílica, por donde el movimiento comercial se da en torno a este culto, uno puede encontrar personas que no comparten ese fervor.

“A mí me causa mucha admiración el arrastre que tiene la ‘Guadalupana’, pero yo veo que es un estupendo pretexto para que todos hagan ‘su agosto’ (sacar provecho) en torno a ella”, dice Ismael Galindo.

Por su parte, Valeria Rosales, quien pertenece a la organización de los Testigos de Jehová, considera que “muchas personas la adoran por ser el símbolo maternal, porque piensan que es la madre de Dios y eso es incorrecto porque es la madre del hijo de Dios, pero eso es debido a que no han recibido una guía adecuada de lo que dicen las sagradas escrituras.”

Explicando el fenómeno

Debido a que su imagen va más allá de un símbolo religioso, el culto a la Virgen de Guadalupe es una de las tradiciones más arraigadas de la cultura popular mexicana, que con el paso del tiempo se ha transformado en un símbolo nacional.

“Este fenómeno sólo puede explicarse a la luz de la fe, es un estandarte que convoca a la unidad a todos los mexicanos, es una imagen maternal que vino a dar luz y protección a los creyentes”, explica a BBC Mundo Cristina Camacho, académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En México, debido a otro fenómeno como la migración, la figura maternal es encumbrada por la ausencia de un padre “por ello el simbolismo de la Virgen de Guadalupe tiene que ver con la protección y con la unión de todo un pueblo”, asegura Camacho.

Fuente: BBCMUNDO.com

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