La cocaína, más barata que el café en Europa

Según el trabajo, 65 millones de europeos probaron cannabis

ESTRASBURGO.– Una píldora de éxtasis por el mismo precio que una cerveza; una línea de cocaína por un valor inferior al de una taza de café… Estas frases no forman parte del delirio de un dealer sacado de la película Trainspotting, sino que se trata de extractos de un escalofriante informe presentado ante el Parlamento Europeo.

Tal fue el escozor provocado en el hemiciclo por sus revelaciones, que la eurodiputada socialista sueca Inger Segelström se vio motivada a presentar una propuesta para el establecimiento de un programa europeo de prevención e información para el período 2007-2013, que recibió el respaldo de 528 de los 552 eurodiputados presentes en la sala.

El primer estudio estadístico anual del Centro Europeo de Monitoreo del Tráfico y la Adicción de Drogas (Cemad), con sede en Lisboa, reveló que los precios de las drogas ilegales en las calles de los 25 países que integran la Unión Europea, así como en tres de los países candidatos a acceder a ella (Bulgaria, Rumania y Turquía), han caído durante los últimos cinco años al nivel más bajo en toda la historia.

“Los datos sobre los precios en la calle son difíciles tanto de compilar como de interpretar –advirtió Wolfang Gotz, director de la Cemad-. La pureza, cantidad y variedad de las sustancias adquiridas influyen en el precio, al igual que factores geográficos, como vivir en una gran ciudad o en una ruta regular de tránsito de drogas. Pero no caben dudas de que la tendencia predominante ha sido un descenso pronunciado en los precios de la marihuana (12%), la heroína (45%), las anfetaminas, el éxtasis y la cocaína (20%).”

Los valores varían de un país a otro y hasta de un cliente a otro. En Portugal, por ejemplo, un gramo de marihuana cuesta 2,3 euros, mientras que en Noruega se vende a 12 euros. Pero en el Reino Unido, donde el precio suele rondar los 5 euros, más de un dealer promueve en escuelas y discotecas “precios introductorios” de 1 euro, es decir, la mitad de lo que cuesta un café cortado en un bar.

La proximidad geográfica al centro de producción, en tanto, hace que un gramo de heroína se ofrezca a 12 euros en Turquía y a 141 euros en Suecia.

Las razones ocultas tras la caída general de los precios son complejas, pero el fenómeno parece motivado principalmente por un extraordinario incremento en la cosecha de opio en Afganistán, país a la cabeza del suministro mundial de opio ilegal (89%).

La producción mundial de opio ilegal permaneció relativamente estable durante el período comprendido entre 1999 y 2004, salvo en 2001, cuando la prohibición del cultivo establecido por el régimen talibán se tradujo en un descenso espectacular, aunque efímero. Se calcula que en 2005 se produjeron 4670 toneladas de opio, más del doble que hace cinco años.

“La oferta de heroína supera ahora con holgura a la demanda y, con ello, arrastra hacia la baja los precios de todas las otras drogas, que se ven ahora compitiendo en aparente desventaja -explicó Gotz-. Los europeos son politoxicómanos, es decir que no dependen de una única sustancia: consumen varias y a veces las mezclan también con alcohol. Si el precio de un tipo de droga baja, el impacto en las otras es casi inmediato.”

La heroína entra en Europa por dos vías principales. La ruta de los Balcanes, de importancia histórica, sigue desempeñando un papel crucial en el contrabando. Tras atravesar Paquistán, Irán y Turquía, la ruta se divide en dos tramos: al Sur, por Grecia, Macedonia, Albania, Italia, Serbia, Montenegro, Bosnia y Herzegovina, y al Norte, por Bulgaria, Rumania, Hungría, Austria, Alemania y Holanda, actuando estos últimos países como centros de distribución secundarios hacia los países de Europa occidental.

Durante el fin de semana

Paradójicamente, la caída en los precios ha coincidido con un incremento en el número de incautamientos. En 2004, por ejemplo, las autoridades europeas capturaron 19 toneladas de heroína, un 10% más que el año anterior.

“Esta es una señal clara de que no podemos confiarnos sólo en políticas represivas para solucionar el drama de la drogadicción”, sostuvo el eurodiputado italiano Stefano Zappala, presidente del comité de libertades civiles del Parlamento Europeo.

Otro dato preocupante del informe alude a las muertes relacionadas con el consumo de heroína, que venían descendiendo desde 2000, pero aumentaron en la mayoría de los países durante el último quinquenio. El porcentaje de muertes entre los más jóvenes ha disminuido, lo que confirmaría que el número de nuevos consumidores de heroína por vía parenteral va en descenso, pero las estimaciones de la mortalidad urbana relacionada con la droga (por sobredosis u otras causas) alcanzaron entre un 10% y un 23% de la mortalidad total entre los adultos de 15 a 49 años de edad.

Si bien los expertos aseguran no contar con “suficiente evidencia” para vincular el desplome de los precios con un aumento en el número de drogadictos en el Viejo Continente, el informe dejó en claro que por lo menos 65 millones de europeos habían probado marihuana alguna vez en su vida y 3,5 millones habían comprado cocaína durante los últimos 12 meses.

Otra tendencia clara es que la cocaína -la droga preferida por los europeos, después de la marihuana- se ha convertido en un instrumento de “recreación”. Proveniente en un 56% de Colombia, aunque crecientemente también de países de tránsito como la Argentina, suele ser consumida en Europa durante el fin de semana, a veces en combinación con “drogas danzantes”, como el éxtasis y ciertas anfetaminas.

En términos generales, los hombres caen más en la drogadicción que las mujeres (entre un 5 y 10% más). La edad promedio de inicio del consumo ha caído entre los adictos de cocaína a la franja de quienes tienen entre 15 y 24 años. Pero los expertos también han notado un notable incremento en el número de adictos a la marihuana que superan los 40 años de edad, lo que consideran una señal de que la drogadicción ha dejado de ser un mal pasajero de la juventud para convertirse en una enfermedad crónica.

Hasta hace poco, el LSD era la sustancia alucinógena más conocida y consumida. Su lugar parece, sin embargo, haber sido ocupado por los hongos silvestres, cuya distribución comenzó a fines de los años noventa, cuando empezaron a ser comercializados junto a otros productos “naturales” en negocios de los Países Bajos.

Fuente: LANACION.com

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