Una historia de monjas fugitivas

Sorpresa y desconcierto -y la furia de los acreedores- provocaron unas monjas ortodoxas griegas que desaparecieron, dejando millonarias deudas detrás.

Las órdenes de religiosos ortodoxas, pertenecientes a la iglesia de Grecia, suelen ser estrictas en su forma de comportarse, evitando tentaciones terrenales y manteniendo un silencio que parece hacer eco en los conventos que se extienden por todo el país.

Las emprendedoras monjas de Kirykos e Ioulittis no llegaban a fin de mes y pusieron un negocio.Se trata de un sistema bastante fácil de gobernar: pero hay tentaciones y tentaciones.

Los jerarcas del Santo Sínodo de la Iglesia de Grecia han tenido que enfrentarse en el pasado con religiosos que rompen ciertos votos.

Con lo que no contaban era con el espíritu empresarial de 55 monjas que, acosadas por las deudas, han huido de su monasterio en la frontera con Bulgaria, dejando un reguero de deudas de casi US$1 millón.

Para que cierre el presupuesto

Resulta que el grupo de religiosas fugadas había decidido complementar sus franciscanos ingresos con la confección de ropa tejida.

Muchas plegarias se elevarán al cielo para que las hermanas vuelvan a sus monasterios.Las monjas usaron los monasterios de Kirykos e Ioulittis para instalar seis máquinas modernas que les permitieron fabricar tejidos. Los vendían a 25 tiendas en toda Grecia.

La austeridad y aislamiento de esos monasterios, con sus paredes de adobe y piedra, no constituían la atmósfera más adecuada para el crecimiento del negocio textil de tan emprendedoras monjas, de manera que decidieron viajar.

Visitaron las capitales más exclusivas de Europa con el fin de aprender, con si fuera un catecismo, detalles sobre la última moda en confecciones de lana.

Despilfarro

Nadie sabe a ciencia cierta cómo contrajeron semejante deuda.

Lo que sí se sabe es que, al evaluar lo poco promisorio de su situación, decidieron empacar sus espartanas pertenencias y, de la misma forma en que los israelíes huyeron de Egipto, las hermanas pusieron los pies en polvorosa.

Huyeron a la región central de Grecia, y ahora viven en clandestinidad. Sus votos de silencio se han convertido más bien en una forma práctica de evitar que la policía se entere de su escondrijo.

El sínodo de la Iglesia de Grecia se rasca ahora la cabeza en forma colectiva para ver como pagar la deuda y convencer a las monjas fugitivas para que salgan de su escondite.

Los bancos acreedores ya han pedido la confiscación de la maquinaria y se teme que algunas piezas valiosas provenientes de los monasterios en los que montaron tan poco próspero negocio tendrán que ser vendidos para pagar semejante deuda.

Y algunas instituciones bancarias han acusado a la orden de lograr préstamos de forma fraudulenta para pagar la maquinaria.

En todo caso, a la orden de las monjas de la sagrada confección no les quedará otro remedio que ceñirse a un voto que no estaba en sus planes: el de la pobreza.

Fuente: BBCMUNDO.com

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